En la Academia Flor Pachón, al sur de Bogotá, hay un espacio para todos, aunque no todos son apropiados para esto. Acá el arte es tomado como la sangre que se lleva en las venas y que recorre internamente el cuerpo de aquellos a los que busca dar vida. Bajo esta metáfora, los bailarines de la danza ballet de Flor Pachón definen la razón de su preparación.
Diana Vanegas, estudiante del colegio Nuestra Señora de la Presentación tiene 15 años y desde tiempo atrás ha sentido gran motivación por la realización de esta danza. Con la dulzura que identifica su primera impresión, comenta sobre su gran amor por este baile: “Me apasiona la danza. Cuando bailo me siento libre, siento que dejo todos los problemas atrás, que todo lo que haya vivido mal en el día puedo aquí descargarlo y olvidarlo. Entonces para mi, ha sido algo magnífico”.
Sus aspiraciones a futuro son conseguir las zapatillas de punta, que en términos de arte, significan un punto alto en la carrera de todo bailarín. Al tiempo, anhela poder estudiar medicina, sin dejar de lado su preparación con el ballet.
El ballet, es una danza que abre espacios a la imaginación y ensoñación artística. En él navegan identidades profundas de los personajes que recrean una historia y la combinan con la música profunda.
“El ballet es lo que de alguna forma logra en mi vida una proyección del lado artístico de mis ser”, expresa con seguridad David Cristancho de 33 años, un arquitecto y artista que desde los ocho años incursiona en la actuación y en la música, convirtiéndolas en una constante de su vida y la de su familia. “Como proyección para mí es importante permanecer en un contacto con el arte”.
Para Antonella Gamez, de 19 años, el ballet es una cuestión propia de cada ser, en el que unos nacen con ese amor y otros se dirigen por otras pasiones. “El ballet para mí es un arte que nace del corazón, que requiere esfuerzo, dedicación, disciplina y amor. Desde que venga del corazón eso fluye”. Mientras dice eso, sus ojos brillan intensamente reflejando una emoción enorme que no deja espacio a la duda. Es como si este arte lo fuera todo para ella, y no cabe duda que sea su gran pasión, a pesar de ser estudiante de séptimo semestre de ingeniería eléctrica y de sumar a ello las numerosas obligaciones que el estudio sugiere.
Dificultades en el proceso: las que nunca faltan.
Es un ensayo más en las noches del sábado capitalino. Los días, las horas y los minutos se cuentan con gran impaciencia. Falta poco para la presentación de los integrantes de la Academia en el Teatro Villa Mayor por motivo del Bicentenario de independencia. El 26 de marzo se ha convertido en una prioridad y demostrar el talento individual y grupal en una misión.
Por tal razón, es vital contar con la asistencia de todos los integrantes sin importar las obligaciones de la cotidianidad. “Volví para la presentación. Siempre me ha encantado estar aquí pero por cuestión de la universidad se me ha dificultado un poco, pero estoy muy motivada”, nos cuenta con convicción Antonella.
Las últimas prácticas exigen que lo aprendido sea repasado de manera estricta en el escenario mientras las luces, el maquillaje y el vestuario se convierten en el complemento de una representación que se logra con sacrificios y preparación.
Perseverancia ante todo
Entre la lucha con el tiempo y las complicaciones que suelen surgir en todo proceso, los grandes y chicos amantes de la danza reafirman su pasión por este baile, y en un segundo plano lo trasladan para sustentar su preparación constante en el mundo artístico de quienes buscan expresar con sus cuerpos ideas, pensamientos y realidades. “Esta es la parte artística que me permite respirar y ser persona; trascender, de alguna forma, como ser humano”, puntualiza David, uno de los pocos hombres en el país cuya vida está enfocada a una danza poco tradicional.
Sueños, ilusiones y sonrisas. Mucha pasión y unos cuantos tropiezos que se convierten en aprendizaje. Recordar cada error es fundamental en un proceso que exige subir constantemente los niveles. Todo esto es posible cuando se camina de la mano con una experta de más de 40 años en la danza y el arte, Flor Pachón, y cuando las ganas y el deseo individual se convierten en el motor de cada meta. Este es un ejemplo para aquellos que anhelan alcanzar la cima.
Carolina Chinome
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